Dos jugadores reciben exactamente las mismas cartas en la misma mano. Uno gana una ficha, el otro pierde tres. La diferencia no estuvo en las cartas ni en la suerte: estuvo en quién tuvo que actuar primero. La posición —el lugar que ocupás en el orden de apuestas— es una de las pocas ventajas del póker que no depende de las cartas, y por eso los jugadores con experiencia la cuidan tanto como el dinero que tienen delante.

Qué significa tener posición

En cada ronda de apuestas los jugadores actúan en un orden fijo, siguiendo el sentido de las agujas del reloj a partir del repartidor. Tener posición sobre alguien significa actuar después que esa persona: ver lo que hace antes de tener que decidir vos. El asiento más valioso de la mesa es el que actúa último, porque llega a su decisión con más información que nadie.

Esa información es concreta. Antes de que te toque, ya viste quién apostó, quién pasó, quién dudó y quién apostó rápido. Cada una de esas acciones dice algo. El que actúa primero tiene que decidir a ciegas; el que actúa último decide con el mapa medio dibujado.

Por qué actuar último vale tanto

La ventaja de la posición se paga sola de tres maneras distintas, y ninguna tiene que ver con tener mejores cartas.

  • Podés controlar el tamaño del bote. Si tu mano es mediana y querés ver otra carta barata, pasás detrás de un rival que pasó. Si es fuerte y querés cobrar, apostás sabiendo que ya nadie va a subirte por sorpresa esa ronda.
  • Ganás manos sin la mejor carta. Cuando todos muestran debilidad pasando, el último en actuar puede apostar y llevarse el bote con nada, porque los demás ya avisaron que no tienen con qué defenderse.
  • Cometés menos errores caros. La mayoría de las decisiones malas del póker son apuestas hechas sin información. La posición te da información gratis en cada ronda.

Cómo cambia qué manos conviene jugar

Como la posición vale, las manos que conviene jugar dependen de dónde estés sentado. Desde las primeras posiciones, con muchos jugadores por actuar después de vos, hace falta una mano bastante fuerte para entrar, porque vas a jugar el resto del reparto a ciegas. Desde las últimas posiciones, con casi todos ya definidos, podés entrar con manos más flexibles, porque la ventaja de actuar último compensa que la carta sea peor.

Es un error clásico del principiante jugar las mismas manos desde cualquier asiento. La mano no cambia; lo que cambia es cuánta información vas a tener para jugarla, y eso vale tanto como las cartas.

La posición en la mesa final

En los torneos la posición se vuelve todavía más importante cuando quedan pocos jugadores, porque cada mano pesa más y los errores se pagan con la eliminación. Un jugador que entiende posición roba botes pequeños desde el asiento correcto una y otra vez, sin arriesgar nada, y esos botes pequeños son los que mantienen vivo un stack cuando las cartas no llegan.

No es casualidad que los comentaristas de las transmisiones mencionen la posición en casi cada mano importante. Para el espectador ocasional parece un detalle técnico; para el jugador es, junto con la lectura del rival, la mitad del juego que no aparece en las cartas.

Lo que hay que recordar

La posición es información, y en el póker la información es dinero. Actuar último te deja decidir con lo que ya hicieron los demás; actuar primero te obliga a adivinar. No podés elegir tus cartas, pero podés jugar más manos cuando tenés posición y menos cuando no la tenés, y esa sola disciplina separa a quien entiende el juego de quien solo mira sus dos cartas.

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